1. Hablando con el Upsetter: Lee „Scratch“ Perry

    La primera vez que escuché su nombre la verdad no se me hizo conocido, por esto de que, muchas veces se queda uno con lo que es más fácil entender, evitando encontrar hipotesis aburridas e ignorando increíbles historias, como en la historia de Lee Perry.

    Después de una corta busqueda encontré datos y fechas, nombres y más fechas que tratan de contar su vida en pocas líneas, tarea difícil para describir un hombre como él. Dicen que influenció el desarrollo del Reggae y el Dub, y que fue conocido por su innovación y su caracter excéntrico, que nació en Jamaica, y que los problemas financieron fueron una constante en su vida, que ahora vive en Suiza y que tiene 74 años. Una foto suya al costado derecho me afirmó un poco esto del caracter excéntrico y lo de la edad parecía entonces verdad. 

     

    Hace un par de meses en un vuelo de Londres a Zürich Daniel, un amigo cercano, tuvo el placer de sentarse al lado de Lee Perry, su ídolo, ése señor de pinta rara, que por allá en los noventas había visto, una que otra vez en la estación del tren. Luego del corto encuentro y tras muchos correos y llamadas con su manager y esposa, pudo concretar lo que sería nuestra entrevista del año. Querían entonces hacer una transmisión en directo para una estación de radio local, pero evitando complicar y aplazar el encuentro, decidieron entonces que grabarían el programa desde la casa del artista.



     

     Es el último miércoles del año, vamos entonces con todo lo necesario para entrevistar al Upsetter, y a pesar de mi (muy) poco conocimiento de fotografía, estoy en el equipo como reportera gráfica. Lejos de su natal Jamaica, a una hora de Zürich, en una región con un aire espiritual (Einsiedeln) con un poco de frío, nieve y mucha niebla encontramos finalmente la casa del viejo Perry. Un joven con rastas nos recibe amablemente y nos idica el camino, que no muy largo nos lleva a un gran garaje: y ahí está él, en medio de cassetttes, maletas de viaje, zapatos, tapetes, espejos, revistas, grafities, retratos, cadenas, pegantes, perfumes, velas, un poster de Hanna Montanna y otro de Pink, su portatil, su escritorio y su corona, ahí está él esperando que unos muchachos improvisen en medio de su estudio, otro, móvil y con más cables, sólo para hablar con él. 



     

    Mientras los tres djs terminan de instalar los equipos, Lee rocía un  poco de perfume sobre las velas del lugar y con un pegante en la mano sigue construyendo un collage en la pared que parece no tener fin. Con su ronca voz llama a Brayan, el joven de la entrada,  quien hace las veces de asistente y nos ofrece algo de tomar: „Water, Soda, Eistea, Bier, Rum?“ Mucha luz, muchos colores y mucho silencio, parece que ninguno de nosotros se atreve a interrumpirlo, pero tenemos que preguntarle si es posible hacer unas cuantas fotos del lugar, él acepta moviendo sus hombros como diciendo: no ploblem men! 



     

    Cualquier rincón del gran garaje esconde una historia, narra algun relato, más que reciclar, Pipecock Jackxon, como también fue conocido, parece escribir el diario de su vida. No es difícil entonces hacer una buena foto cuando cada cosa en el piso o en las paredes es una obra de arte del viejo Perry.

    Finalmente se llega la hora de hablar, él se pone una de sus chaquetas, sus audífonos y comienza la grabación que, entre preguntas improvisadas y provoca las respuestas más racionales que de un viejo jamaiquino podrían esperarse.



     

    Habla enamorado de Dios, que para él es negro, no cree en ese cuento de un salvador blanco, nos dice entonces que si no lo creemos miremos nuestras sombras. Narra un poco las difíciles situaciones que hace tantos años en Jamaica tuvo que vivir, cuando el hambre lo obligaba a vender sus canciones a „huevo“ y cómo impotente tuvo que quemar su estudio para que no le robaban más sus cintas.

    Cuenta cómo fue eso del nacimiento del Dub y el Reggae en medio de la precariedad de aquellos tiempos; dice que cansado de tanto „buscar y pelear“ buscó un país donde no hubiera pobreza y que desde un principio insistió en no quiere recibir dinero del gobierno, porque no lo necesita, porque la palabra jubilación no existe en su oficio, y porque quiere seguir siendo un hombre libre. Mientras el dj toca uno de sus discos, Lee escribe algunos códigos secretos en un domumento digital, a veces parece desconectarse del mundo y encontrarse solo en su trono.

    La gran pregunta de la noche: Mucho se ha hablado de su estudio, que en Jamaica a finales de los setenta se quemó, con un poco de temor por la reacción a esta pregunta, Lee nos contó la razón que lo llevó a quemar su propio estudio.

    Police and thieves in the streets, in genesis… to revelation… Entre una línea y otra, pide a los policias que dejen fumar a las gente su marihuana e insiste que la nicotina es una asesina, que deberían prohibirla en lugar de la verde hierva. Su sonrisa es honesta, y sus ojos se ven cansados, pero la pasión con la que sus palabras salen, mantiene nuestra sintonía en la transmisión. „So I love you if you love me…“, a petición suya le abrenel micrófono para cantar sobre sus canciones las letras que parecen grabadas en su alma, como un niño que crea historias reales de ficción, Lee no para de componer al ritmo de Reggae, mientras que sus manos inquietan calientas unas  viejas pilas durante toda la entrevista.



    Con una botella de vidrio vacía en su boca y un peina rosa, busca con su aliento sonidos que a ratos se niegan a salir. Uno de los djs, enamorado de su música sigue tocando los discos que tienen más de un par de décadas, Lee sigue cantandonos a su privilegiado pequeño público. Sin darnos cuenta, las dos horas de la entrevistas pasaron por nuestro lado; los chicos vuelven a empacar el „estudio móvil“ y yo agoto hasta el cansancio el espacio de la camara. Nos agradece por haberlo visitado y dice que disfruto mucho ese tiempo, firma un par de discos, tomo la única foto para la que posó y él continua su busqueda por aquel espacio. 

     
     

    Camina y busca entre un poco de heno piedras, y entonces terminamos conversando improvisadamente: What d‘you liked? Le señalo sus zapatos y un collage en la pared, le pregunto por qué un afiche de Hanna Montana y con un „she deserves to be there“ continúa su busqueda de piedritas de mar: dos, cuatro, siete, diez; me pregunta dónde vivo y si estoy casada me mira y dice: „He‘s a lucky guy“.

    La cerveza, la música, la entrevista, al igual que la memoria de la camara terminan, los djs empacan sus discos autografiados, apretón de manos: Fin de la tranmisión. Lee, como al comienzo se ve disperso, distraído, atraído. De nuevo solo, entre las páginas de su diario continúa con sus tareas: buscar, pegar, caminar, escribir, cortar, buscar… 


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Ximona reporta sintonía desde el pedazo de cielo que la cubre con historias contadas a través de imágenes y las pocas palabras que se atreven a salir.
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