-
Descifrando, inventando…
Un teléfono suena, dos personajes: alguien que en algún lugar de esta ciudad, o de otra, llama y con suerte otro que contesta, “¿Cómo? No te escucho muy bien, ¿Qué dices?” Muchos o pocos minutos de conversación portátil se cruzan por su camino sin pedirle permiso, “sí, claro, ya te dije que sí” y entonces, no le queda más remedio que escuchar, espiar. “¿El informe de la semana pasada?” Se ha convertido casi en un arte de descifrar cortos diálogos ambulantes que, la mayoría del tiempo son incomprensibles “Pero en eso habíamos quedado, no?”
“No quiero que me vuelvas a llamar, ¿cuantas veces tengo que decírtelo?” Uno, dos, tres, innumerablesidiomas, voces; gestos que se hacen invisibles a través de las señales del teléfono, “voy a mirar como está mi agenda y te aviso” y esa constante de tener que estar siempre comunicados: “Bueno y luego llegó ella y seguía como enojada, pero yo no le presté atención y no dije nada”.
“Espérame que en cinco minutos llego” Camina por la estación y cada siete pasos escucha una conversación distinta, ajena, palabras que no le pertenecen “Leche, huevos, pan, las zanahorias, dos latas de atún y el azúcar, hace falta algo más?” Sí, en esas se le pasa el día, espiando sin entender lo que escucha, intentando reconocer melodías y ritmos del mundo “no pues, no me parece gran cosa”. Caminar, escuchar, espiar, descifrar, inventar “¿qué dices? No te escucho muy bien, ¿cómo?” Caminar, escuchar, espiar, descifrar, inventar…
