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Fachada

Canal tres:
Un programa autobiográfico de un arquitecto brasileño
hace que deje a un lado el control remoto,
mi recorrido por la aburrida programación termina allí.
El arroz apenas empieza a cocinarse
mientras los vecinos del medio día,
nos visitan desde adentro del restaurante,
hoy la lluvia no los dejo almorzar en la comodidad de la calle.
Pienso en la vida política de Colombia,
en las elecciones, ¿en manos de quién Dios mio?
¿Vale la pena votar cuando estas tan lejos y
sigues siendo tan impotente?
El brasileño sabio y enamorado
habla de cómo han pasado los años por su lado
y con ellos la fama, la juventud, los amigos.
Describe su obra recordando aquellos los 50‘s
y dibuja frente a la cámara
las siluetas de las mujeres que lo inspiraron.
Intentando leer la subtitulación en alemán
aunque no entienda cada palabra,
prefiero deleitarme con su narración.
Más allá de la lluvia de esta tarde,
dicen, está la nube del volcán que viaja desde islandia
dormido por poco menos de dos siglos.
Hace una semana despiertó y tiene en jaque a todo un continente
a todo el mundo que en tierra solo desea despegar.
En el siglo XIX estuvo activo por dos años y ahora,
que ha decido despertar, no hay esperanzas que se duerma pronto.
Pobrecito, tener que despertar en semejantes tiempos.
Me encuentro con un artículo que dice… ¿por quién votaría yo?
Me gusta. Y aunque también un poco político desde su oficio,
el autor, tampoco parece querer más de lo mismo.
Al otro lado del teléfono,
Samuel me responde con sus famosos monosílabos
y después de estornudar tres veces,
me deja y se prepara para ir al colegio
su transporte lo espera.

Mientras hablo con mi hermana
y le relato los titulares de la semana
el arroz se termina de cocinar.
El arquitecto se queda solo en casa
y despide su narración
fumándose un delgado cigarrillo.
Veo en la pantalla del televisor cómo pasan los minutos:
en tres, empieza el magazin del medio día,
nada interesante.
Planeo improvisadamente el itinerario de la tarde:
traducir hoja de vida
comer arroz, leer correos,
poner madera nueva en el viejo horno
que funciona como calefacción,
intentar escribir, tomar té
y sentarme a conversar un rato con Cortázar.
Con la nube que sopla fuerte desde Islandia y
con pocas esperanzas de un futuro prometedor para mi país,
la tarde suena prometedora detrás de esta enredada fachada.