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Al Alma Mater y a ustedes

A cuarentaycinco minutos de mi casa
esa ciudad se me hacía tan grande,
tan verde, tan diferente.
Amor a primera vista.
Luego, se me hizo tan pequeña
cuando en busca de un jugo o una ensalada,
me encontré con esos viejos amigos
que nunca pensé volver a ver.
Cuando corría para la clase de ocho
y el agua de la fuente anunciaba mi retraso.
Cuando en momentos de caos
respirábamos poco,
caminabamos rápido.

Hoy lejos de esa ciudad,
en una más grande y fría
solo puedo recuerdar:
los viajeros de tronquitos,
la fila de las copias,
los almuerzos en Barranquilla,
el calor de la biblioteca,
el olor del aeropuerto,
las cervezas en Bantú,
los paseos en Conatra,

Y sólo puedo decirles, Gracias.
Gracias por compartir ese viaje.
Esas cervezas,
esas copias,
esos calores,
esos olores.
Ésa ruta que tantas vueltas nos dió
y que al final, como siempre
aquí nos dejó.
