1. Al Alma Mater y a ustedes

    Dos mil cinco: la llegada 

     

    A cuarentaycinco minutos de mi casa

    esa ciudad se me hacía tan grande,

    tan verde, tan diferente.

    Amor a primera vista.

    Luego, se me hizo tan pequeña 

    cuando en busca de un jugo o una ensalada,

    me encontré con esos viejos amigos

    que nunca pensé volver a ver.

    Cuando corría para la clase de ocho

    y el agua de la fuente anunciaba mi retraso.

    Cuando en momentos de caos

    respirábamos poco,

    caminabamos rápido. 


     

    Hoy lejos de esa ciudad, 

    en una más grande y fría 

    solo puedo recuerdar:

    los viajeros de tronquitos,

    la fila de las copias, 

    los almuerzos en Barranquilla, 

    el calor de la biblioteca, 

    el olor del aeropuerto, 

    las cervezas en Bantú, 

    los paseos en Conatra, 

    Y sólo puedo decirles, Gracias.

    Gracias por compartir ese viaje.

    Esas cervezas,

    esas copias, 

    esos calores, 

    esos olores.

    Ésa ruta que tantas vueltas nos dió

    y que al final, como siempre

    aquí nos dejó.

     

    Dos mil diez: la despedida


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Ximona reporta sintonía desde el pedazo de cielo que la cubre con historias contadas a través de imágenes y las pocas palabras que se atreven a salir.
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